Estrategias

Estrategias

Autoestima baja: claves para sanar

Psicólogo sentado en su oficina

Ps. Rakson Duarte

Psicólogo Clínico

19-01-2026

Diario de gratitud y tarjeta de Centro Vitalis en mesa de noche.
Diario de gratitud y tarjeta de Centro Vitalis en mesa de noche.
Diario de gratitud y tarjeta de Centro Vitalis en mesa de noche.

Autoestima baja: claves para sanar la relación contigo mismo

A menudo pensamos que nuestro peor enemigo está allá afuera, en la forma de un jefe exigente, una pareja crítica o una sociedad que nos impone estándares inalcanzables, pero la realidad suele ser mucho más íntima y dolorosa: el crítico más feroz vive dentro de nuestra propia cabeza. La autoestima, ese concepto tan manoseado en libros de autoayuda y redes sociales, es mucho más que simplemente “quererse” o verse bien frente al espejo; es el sistema inmunológico de nuestra psique, la base sobre la cual construimos cada decisión, cada vínculo y cada proyecto de vida.

Cuando este sistema falla, la vida se tiñe de una inseguridad crónica. Nos convertimos en actores secundarios de nuestra propia película, pidiendo disculpas por ocupar espacio, silenciando nuestras necesidades para no molestar y midiendo nuestro valor en función de la aprobación ajena. Vivir con baja autoestima es agotador porque implica estar en una constante guardia contra el miedo a no ser suficiente, un miedo que paraliza y nos impide desplegar nuestro verdadero potencial.

En este artículo exploraremos la anatomía de la inseguridad, desmantelaremos los mitos sobre el amor propio y trazaremos un camino realista hacia la recuperación de tu valía personal, apoyados en la experiencia clínica de los profesionales del Centro Psicológico Vitalis.

Más que una imagen en el espejo

Existe una confusión habitual al creer que la autoestima depende de nuestros logros externos o de nuestra apariencia física. Si bien verse bien o tener éxito laboral puede dar un impulso momentáneo al ego, la verdadera autoestima es una convicción interna y silenciosa. Se trata de la certeza profunda de que merecemos amor y respeto simplemente por existir, independientemente de si hoy cometimos un error, de si subimos de peso o de si no obtuvimos ese ascenso.

Una autoestima sana actúa como un amortiguador emocional. No evita que suframos ante un fracaso o un rechazo, pero impide que ese evento externo defina nuestra identidad completa. Por el contrario, cuando la autoestima es frágil, cualquier crítica se siente como un ataque devastador a nuestro núcleo, llevándonos a colapsar o a reaccionar con una defensividad desproporcionada para proteger ese “yo” que sentimos tan vulnerable.

Las máscaras del autoboicot

La inseguridad es una maestra del disfraz y rara vez se presenta como timidez pura. De hecho, muchas personas con baja autoestima parecen exitosas y extrovertidas, pero por dentro están movidas por el miedo. Uno de los disfraces más comunes es el perfeccionismo, esa creencia irracional de que si hacemos todo perfecto, nadie podrá criticarnos y, por lo tanto, estaremos a salvo del rechazo. El perfeccionista no busca la excelencia por placer, sino por terror a la falla.

Otra máscara frecuente es la del complaciente crónico. Son personas incapaces de decir “no”, que se desviven por solucionar los problemas de los demás y que postergan sus propios deseos hasta anularlos. Creen, erróneamente, que su valor radica en cuán útiles son para el resto. Esta dinámica no solo genera un agotamiento profundo, sino que atrae relaciones desequilibradas donde el dar y recibir nunca es recíproco, reforzando la sensación de no ser importantes.

La raíz profunda de la duda

Nadie nace odiándose a sí mismo. La baja autoestima es algo que se aprende, generalmente en los primeros años de vida o a través de experiencias traumáticas acumuladas. Un entorno familiar donde el afecto estaba condicionado al rendimiento (“te quiero si sacas buenas notas”), donde la crítica era constante o donde las emociones eran ignoradas, planta la semilla de la duda: “algo debe estar mal en mí”.

En la adultez, esta voz internalizada de padres o cuidadores críticos se convierte en nuestro propio diálogo interno. Nos hablamos con una dureza que jamás usaríamos con un amigo. Nos decimos “qué estúpido eres” cuando se nos cae un vaso, o “nadie te va a querer así” cuando nos miramos al espejo. Identificar el origen de esta voz es el primer paso para dejar de confundirla con la realidad y empezar a cuestionar su autoridad sobre nuestras vidas.

El camino hacia la autocompasión

Sanar la autoestima no implica inflar el ego ni volverse narcisista, sino desarrollar la autocompasión. Este concepto, ampliamente estudiado en la psicología moderna, implica tratarnos con la misma amabilidad, calidez y comprensión con la que trataríamos a un ser querido que está sufriendo.

La práctica de la autocompasión requiere un cambio de paradigma: dejar de motivarnos a través del castigo (“tengo que hacerlo mejor porque soy un desastre”) y empezar a motivarnos desde el cuidado (“voy a intentarlo de nuevo porque quiero aprender”). Implica aceptar nuestra humanidad compartida, reconociendo que ser imperfectos, cometer errores y tener días malos no es una falla personal, sino parte intrínseca de la experiencia humana. Al bajar el látigo de la autoexigencia, paradójicamente, nos volvemos más resilientes y capaces de crecer.

Terapia para reconstruir la identidad

Cambiar patrones de pensamiento que llevan décadas instalados es una tarea titánica para hacerla en solitario. La terapia psicológica ofrece el andamiaje necesario para esta reconstrucción. En el espacio terapéutico, se trabaja para desafiar las creencias limitantes, sanar las heridas del niño interior y ensayar nuevas formas de relacionarse con uno mismo y con los demás.

Un buen proceso terapéutico te ayuda a establecer límites saludables, a reconocer tus necesidades legítimas y a separar tu valor intrínseco de tus circunstancias externas. No se trata de “arreglarte” porque estés roto, sino de limpiar los lentes con los que te miras para que puedas ver, tal vez por primera vez, quién eres realmente debajo de todas esas capas de miedo y defensa.

Tu aliado en el proceso de sanación

Si sientes que tu peor crítico duerme contigo cada noche, es momento de buscar apoyo externo. En Centro Psicológico Vitalis, entendemos que la autoestima es el cimiento de la salud mental y contamos con un equipo preparado para acompañarte en este viaje de autodescubrimiento con empatía y rigor profesional.

Nuestro enfoque se adapta a tus necesidades:

Atención sin barreras: La modalidad de terapia online te permite iniciar tu proceso desde la seguridad de tu hogar, ideal si la inseguridad te dificulta la exposición social inicial.

Espacios acogedores: Para quienes prefieren el contacto directo, nuestras consultas en Providencia están diseñadas para ser un refugio de calma y confidencialidad.

Accesibilidad garantizada: Sabemos que invertir en uno mismo puede generar culpa en personas con baja autoestima, por eso facilitamos el acceso a través de reembolsos con Isapres y seguros complementarios, validando que tu bienestar es una inversión legítima y necesaria.

Recuperar tu amor propio no es un acto de egoísmo, es un acto de supervivencia y responsabilidad. Solo cuando te validas a ti mismo puedes ofrecer lo mejor de ti al mundo. En Centro Psicológico Vitalis, estamos listos para ayudarte a silenciar al crítico interno y darle voz a tu verdadera esencia.

Empieza a elegirte a ti mismo. Agenda tu hora en Vitalis y da el primer paso hacia una vida más libre y segura.

Servicios más solicitados

El siguiente paso es tuyo


Visítanos de
Lunes a Sábado

Providencia, Antonio Bellet 193, Oficina 1405, Piso 14 – Región Metropolitana

El siguiente paso es tuyo


Visítanos de
Lunes a Sábado

Providencia, Antonio Bellet 193, Oficina 1405, Piso 14 – Región Metropolitana

El siguiente paso es tuyo

Visítanos de Lunes a Sábado