Mañana lo hago: la trampa de procrastinar

Ps. Catalina Callejas
Psicóloga Clínica
24-01-2026
Mañana lo hago: la trampa mental de procrastinar
“Empiezo en cinco minutos”. “El lunes me pongo las pilas”. “Mejor lo hago mañana cuando esté más inspirado”. ¿Te suenan familiares estas frases? La procrastinación es el arte de posponer lo inevitable, una danza peligrosa con el tiempo donde cambiamos alivio inmediato por estrés futuro. A menudo se confunde con pereza o falta de organización, pero la psicología moderna nos dice algo muy diferente: procrastinar no es un problema de gestión de tiempo, es un problema de gestión de emociones.
Cuando postergamos una tarea importante —ya sea terminar una tesis, entregar un informe o tener una conversación difícil— no estamos evitando el trabajo en sí; estamos evitando la emoción negativa que asociamos a ese trabajo: miedo al fracaso, ansiedad por no ser perfectos, aburrimiento o inseguridad.
En este artículo, exploraremos por qué tu cerebro prefiere ver videos de gatos antes que trabajar, cómo el perfeccionismo te paraliza y qué estrategias psicológicas reales (más allá de usar una agenda) pueden ayudarte a romper la inercia.
El cerebro en conflicto: placer vs. deber
Dentro de tu cabeza ocurre una batalla constante entre dos zonas. Por un lado, el sistema límbico, una parte antigua y primitiva del cerebro que busca el placer inmediato y evita el dolor. Por otro, la corteza prefrontal, el “CEO” del cerebro, encargado de planificar a largo plazo y tomar decisiones racionales.
Cuando procrastinas, el sistema límbico secuestra el mando. Ante una tarea que genera ansiedad (el “dolor”), el cerebro busca una vía de escape rápida (el “placer” de revisar Instagram). Según estudios sobre la procrastinación, este mecanismo de alivio temporal es adictivo. Cada vez que pospones y sientes ese breve respiro, refuerzas el hábito neuronal de huir ante la dificultad.
La paradoja del perfeccionista
Contrario a la creencia popular, los mayores procrastinadores no son los “flojos”, sino los perfeccionistas. El miedo a no hacer las cosas de manera impecable genera tal nivel de presión que resulta más seguro no hacer nada. “Si no lo intento, no puedo fallar”.
Esta parálisis por análisis lleva a un ciclo de culpa tóxica. La persona se castiga mentalmente por no avanzar, lo que aumenta su ansiedad y disminuye su autoestima, haciendo aún más difícil empezar la tarea la próxima vez. Es un círculo vicioso donde la tarea crece en la mente hasta convertirse en un monstruo inabordable.
Estrategias para engañar al cerebro
Romper la procrastinación requiere reducir la fricción emocional de la tarea. Aquí hay técnicas probadas:
La regla de los 5 minutos: Negocia contigo mismo. No te propongas “terminar el informe”, sino solo “abrir el archivo y escribir 5 minutos”. A menudo, el dolor está en el umbral de inicio. Una vez que cruzas la puerta, es más fácil seguir.
Perdónate: Estudios de la Universidad de Carleton mostraron que los estudiantes que se perdonaron a sí mismos por procrastinar antes de un examen, procrastinaron menos en el siguiente. La culpa drena la energía que necesitas para trabajar.
Divide y vencerás: Transforma objetivos abstractos (“hacer la tesis”) en micro-acciones concretas (“buscar 3 referencias hoy”). El cerebro se bloquea ante lo vago, pero se activa ante lo específico.
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