Amar en tiempos de comparación constante

Ps. Catalina Arroyo

Psicóloga Clínico

18-12-2025

Al principio parece simple

Conoces a alguien, te gusta, conversan bien, se ríen, hay química, nada dramático, nada épico, solo agradable, y durante un rato piensas “ok, esto funciona”.

No estás en llamas, pero tampoco aburrido, estás cómodo, y eso, en teoría, debería ser suficiente.

Pero entonces pasa algo curioso.

Mientras estás con esa persona, tu mente empieza a hacer lo suyo, mira de reojo, compara, imagina, como si estuviera revisando un catálogo invisible, no porque falte algo grave, sino porque podría existir algo mejor.

La mente abre una pestaña nueva

Tu cabeza funciona como un navegador con demasiadas pestañas abiertas, tienes la pestaña de la persona real, con sus virtudes, sus rarezas y sus silencios, pero también tienes pestañas imaginarias:

“¿Y si hay alguien más compatible?” “¿Y si esto no es lo máximo que puedo sentir?”

“¿Y si más adelante conozco a alguien que encaje aún mejor?”

No sabes quién es esa persona hipotética, pero tu mente le asigna todas las cualidades perfectas, porque, claro, no existe.

El personaje secreto: El comparador Profesional

Dentro de ti vive El Comparador, no trabaja, pero opina de todo, nunca ha tenido una relación, pero sabe exactamente cómo deberían ser todas.

El Comparador no vive en el presente, vive cinco escenarios más adelante, mientras tú estás teniendo una cita decente, él susurra: “Sí, está bien… pero podría ser increíble”.

Y así convierte lo bueno en insuficiente y lo suficiente en sospechoso.

La trampa moderna

Antes, elegías entre dos o tres personas, hoy eliges entre personas reales y fantasías infinitas, perfiles, posibilidades futuras y versiones idealizadas que nadie podría sostener en la vida diaria.

El cerebro, que ama las opciones, se marea, porque elegir una persona implica cerrar muchas puertas imaginarias, y cerrar puertas duele más de lo que parece.

No porque la relación sea mala, sino porque elegir siempre implica renunciar.

Cuando el problema no es la relación

Llega un punto en que no sabes si algo no funciona o si simplemente no sabes quedarte, porque quedarte significa tolerar la duda, la imperfección y el hecho incómodo de que ninguna persona lo va a encajar todo.

Y entonces empiezas a analizar de más, sentir de menos, y preguntarte si deberías sentir algo distinto, más intenso, más claro, más definitivo.

Elegir no es encontrar lo perfecto

Elegir pareja no es descubrir a la persona correcta, es decidir construir con alguien suficientemente bueno para ti, alguien con quien los problemas sean trabajables y no destructivos.

No se trata de apagar la duda, se trata de no obedecerla todo el tiempo.

No es falta de amor, es exceso de opciones

Si te cuesta elegir, no significa que seas frío o incapaz de amar, significa que tu mente está entrenada para no conformarse y eso, llevado al extremo, te deja siempre a medio camino.

A veces, elegir es cerrar pestañas, quedarte con una sola ventana abierta y ver qué pasa cuando no sigues buscando mientras ya estás aquí.

🧠 En el centro trabajamos la dificultad para elegir pareja, el miedo a equivocarse y la comparación constante, ayudando a construir vínculos más reales y menos ideales.

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