Cuando tu motivación se toma vacaciones sin avisar

Ps. Catalina Arroyo
Piscóloga Clínico
13-12-2025
Al principio no parecía un problema
Un día simplemente no tenías ganas, nada dramático, solo menos empuje, menos brillo. Pensaste que era cansancio, que mañana volvería, porque siempre vuelve. Así que seguiste exigiéndote como si nada, usando fuerza donde antes bastaba intención.
Pero la motivación no volvió. Empezó a desaparecer en cosas pequeñas, postergar tareas simples, abrir el computador y cerrarlo, mirar el reloj con la sensación de que todo cuesta el doble.
Dentro de ti hay un gerente confundido
Imagina que tu mente es una oficina. El Gerente de la Motivación camina rápido con un café frío en la mano, repitiendo “vamos, vamos”, mientras el Departamento de Energía está vacío hace semanas. Nadie avisó, nadie dejó un correo, solo no están.
El gerente cree que el problema es falta de presión, así que aprieta más. Más listas, más exigencia, más “debería”. Pero el cuerpo, que es el edificio completo, empieza a parpadear como oficina vieja con problemas eléctricos.
La motivación no aparece por orden
La motivación no funciona como un interruptor, no se activa porque lo necesites. Funciona más como un gato: aparece cuando se siente seguro, no cuando lo llamas a gritos.
Cuanto más te criticas por no tener ganas, más se esconde. Cuanto más comparas tu ritmo con el de otros, más se aleja. Y ahí empieza la confusión: quieres avanzar, pero algo interno está en huelga silenciosa.
No es falta de voluntad, es saturación
Muchas veces la motivación se va porque estuvo demasiado tiempo sosteniendo cosas sola. Exceso de responsabilidades, pocas pausas reales, emociones no procesadas, decisiones postergadas. No se fue porque eres débil, se fue porque se cansó.
Y como no habla, el cuerpo traduce: pesadez, desgano, apatía, esa sensación de estar siempre “un poco tarde” con la vida.
A veces no necesitas motivación, necesitas permiso
Permiso para bajar el ritmo sin sentir culpa, para hacer menos sin sentirte menos. Cuando eso pasa, algo curioso ocurre: la motivación empieza a asomarse sola, tímida, como diciendo “¿ya puedo volver?”.
No vuelve como antes, vuelve más honesta, menos heroica, pero más sostenible.
Avanzar distinto también es avanzar
La motivación no siempre regresa con entusiasmo, a veces vuelve como constancia suave, como pequeños movimientos, como hacer algo aunque no sea perfecto. Y eso también cuenta.
Cuando dejas de pelear con tu energía, empiezas a escucharla.
🧠 En el centro trabajamos el desgano, la desmotivación y el agotamiento emocional, ayudando a recuperar equilibrio, energía y sentido en el día a día.







