Reflexiones

Reflexiones

El día en que decir “sí” empezó a cansarte

Ps. Catalina Callejas

Psicóloga Clínica

13-12-2025

Al principio no parecía un problema

Decir que sí no era una carga, era casi una identidad, estabas, respondías, ayudabas, resolvías, no porque alguien te obligara, sino porque hacerlo te hacía sentir correcto, necesario, valorado. Durante mucho tiempo eso funcionó tan bien que nadie dudó de que siempre ibas a estar disponible.

El cansancio no llegó de golpe, llegó como una molestia leve, fácil de ignorar, una tensión pequeña cada vez que alguien pedía algo más, decías que sí, pero el cuerpo no acompañaba, y aun así seguías, porque aprender a decir que no parecía más difícil que seguir aguantando.

El cerebro hace un cálculo rápido

Para muchas personas, un límite no es solo un límite, es una amenaza, a la relación, a la imagen propia, a la posibilidad de decepcionar. Decir que NO, activa miedos antiguos: perder cariño, generar conflicto, quedar mal.

Así que el cerebro elige el mal menor, un poco de incomodidad ahora parece más manejable que un posible conflicto después. El problema es que ese “después” nunca llega, la incomodidad se queda, se acumula y se transforma en agotamiento.

Cuando el cuerpo habla primero

Llega un punto en que algo empieza a fallar, respondes más lento, te cuesta concentrarte, te irritas sin motivo claro, no es flojera ni falta de compromiso, es el cuerpo haciendo lo que la mente no se atrevió: poner un límite.

Ahí aparecen la culpa y la confusión “Si no pasó nada tan grave, ¿por qué me siento así?” Porque los límites no expresados también pesan y pesan mucho.

Poner límites no rompe vínculos

Existe la idea de que poner límites es ser duro o egoísta, pero en realidad, lo que más daña las relaciones es el resentimiento silencioso, los límites claros incomodan un poco al principio, pero ordenan, los SI forzados, en cambio, desgastan lento y sin aviso.

Un límite no es una muralla, es una señal, le muestra al otro hasta dónde puedes llegar sin perderte.

Estar para otros sin desaparecer de ti

Aprender a poner límites no significa dejar de ayudar ni volverte indiferente, significa dejar de abandonarte cada vez que alguien necesita algo, y eso, para muchas personas, es un aprendizaje profundo.

Cuando empieza a pasar, algo se acomoda, el cansancio baja, la culpa también, y los SI que quedan empiezan a sentirse verdaderos.

🧠 En el centro trabajamos la dificultad para poner límites, la culpa y el desgaste emocional, ayudando a construir relaciones más sanas y equilibradas.

Servicios más solicitados

El siguiente paso es tuyo

Agenda tu hora y forma parte de nuestra gran familia, donde el bienestar de todos es lo más importante.

El siguiente paso es tuyo

Agenda tu hora y forma parte de nuestra gran familia, donde el bienestar de todos es lo más importante.

El siguiente paso es tuyo

Agenda tu hora y forma parte de nuestra gran familia, donde el bienestar de todos es lo más importante.